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Puede que este lugar no exista en el paisaje de nuestra mente. Un paisaje mínimo que solo existe a través de estos encuadres decididos. Este lugar no te deja pasar por que no se deja percibir. Para llegar allí hay que, primero: conducir hacia arriba y, después, caminar recto y agachado.
Este lugar no existe.
Nos situamos justo en medio de un puente entre lo no percibido y la libertad fértil.
Una puerta cerrada que no nos deja mirar y que a través de la fotografía, existe.
Al final, a lo mejor este lugar si que existe.